Mi peluche de toda la vida
Este peluche fue el regalo de mi tía favorita cuando cumplí cinco años, y desde ese día se convirtió en mi compañero inseparable para dormir. Estaba tan viejito y gastado de tanto apretarlo que ya ni se le notaba el color original, pero para mí no existía otro igual en el mundo.
Cada vez que lo veo en la cama, me acuerdo de las noches en las que ella se sentaba a mi lado para espantar los sustos, de cómo lo abrazaba fuerte cuando había tormenta y de que ese peluche abrigó los mejores años de mi infancia gracias a su cariño.
