Mi cobija favorita

Mi cobija favorita

Esta cobijita llegó a mi vida cuando yo era apenas un bebé.
Lleva 24 años conmigo.
Ha estado presente mientras yo crecía, cambiaba y aprendía quién quería ser. Pero entre todos los recuerdos que guarda, hay uno que la hace especialmente importante para mí: fue sobre ella donde mi abuela me enseñó a tejer.
Todavía quedan partes de aquellas primeras costuras.
Puntadas pequeñas, imperfectas, algunas torcidas, que para cualquiera podrían parecer simplemente hilos viejos.
Para mí, son las manos de mi abuela.
Son sus enseñanzas.
Su paciencia.
El tiempo que decidió compartir conmigo.
Quizás ella no imaginaba que aquellas primeras puntadas terminarían convirtiéndose en un recuerdo que yo conservaría durante tantos años.
La cobijita ha envejecido conmigo. Se ha gastado, ha cambiado, ha guardado el paso de los años en cada hilo.
Pero hay algo que el tiempo no ha podido borrar:
la memoria de estar junto a mi abuela, aprendiendo algo por primera vez.
Por eso todavía la conservo.
Esta no es solamente una cobija, es el lugar donde aprendí a tejer con mi abuela.
Y, sin saberlo, mientras ella me enseñaba a hacer puntadas, estaba tejiendo conmigo un recuerdo que duraría toda la vida.

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