Las tardes de mi abuela

Las tardes de mi abuela

Esta máquina de coser se quedó en la familia mucho después de que mi abuela dejara de usarla todos los días. De pequeño me sentaba a su lado a mirar cómo una tela doblada terminaba convirtiéndose en una camisa o en un vestido para estrenar.

Me dejaba ordenar los botones y guardaba los retazos grandes para mis juegos. Antes de cada fiesta me subía a una silla para revisar el largo de la ropa. Yo quería bajarme enseguida y ella siempre pedía una vueltica más.

Cuando hubo que hacer espacio en la casa, nadie quiso sacar la máquina. Todavía conserva sus marcas, el cajoncito de los hilos y ese pedal que yo intentaba alcanzar con los pies. La guardamos porque verla es volver a esas tardes: mi abuela cosiendo y yo esperando a su lado, convencido de que de ahí podía salir cualquier cosa.

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