Las dueñas de la casa

Las dueñas de la casa

Mi mejor amiga vivía en el apartamento de al lado. Cuando nos dejaban jugar con esta tetera y su plato, preparábamos una merienda como si fuéramos las dueñas de una casa enorme. Su mamá nos ayudaba a servir agua y nos daba unas galletas para compartir.

Poníamos la mesa con una seriedad que ahora me da risa. Nos preguntábamos cómo había estado el día, aunque hubiéramos pasado juntas toda la mañana en el colegio.

Una tarde se le cayó una galleta dentro de la tetera y nos dio tanta risa que tuvimos que llamar a su mamá. Años después, mi amiga me regaló el juego. Todavía recordamos esa merienda cada vez que nos sentamos a tomar algo juntas.

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