La canción de mi tío
Mi tío llegaba a las reuniones cargando este instrumento y yo iba detrás de él hasta que abría el estuche. Me gustaba tocar las cuerdas de a una y sentir cómo seguían vibrando bajo mis dedos.
Cuando fui un poco más grande, empezó a enseñarme. Me acomodaba la mano, me pedía paciencia y volvía a mostrarme el mismo movimiento. Yo quería aprender una canción completa en una sola tarde.
La primera vez que logré acompañarlo, llamé a todos para que escucharan. Me equivoqué a la mitad y miré hacia él. Mi tío siguió tocando más despacio, esperándome hasta que pude volver a entrar. Desde entonces, cada vez que nos veíamos, empezábamos por esa misma canción.
