El balón de los regaños

El balón de los regaños

Con este balón conocí a casi todos los niños de mi cuadra. Al principio me daba pena preguntar si podía jugar, así que salía a patearlo solo frente a mi casa. Una tarde se acercaron dos vecinos y armamos un partido con cuatro piedras como arcos.

Después ya teníamos una hora para encontrarnos. Jugábamos con los zapatos del colegio y discutíamos si había sido gol cuando la pelota pasaba demasiado alta.

El partido terminaba cuando empezaban a llamarnos desde las ventanas. Siempre pedíamos cinco minutos más. Algunas noches mi mamá tenía que salir a buscarme porque yo seguía esperando el último pase.

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