Carreras con mi tio favorito
Este carrito rojo fue el mejor regalo que me dio mi tío favorito. Se apareció con él una tarde de esas en las que no teníamos nada planeado, lo sacó de la caja y me dijo que íbamos a armar la pista más rápida de la sala.
Pasábamos horas corriendo por la alfombra, inventando competencias y haciendo ruidos de motor con la boca mientras él se ponía a nivel del suelo conmigo. Hoy lo veo guardado y todavía me acuerdo de sus risas, de cómo celebraba cuando yo le ganaba y de que, aunque pasen los años, ese pedacito de infancia sigue intacto en este pequeño juguete.
